Quienes hemos mantenido un blog durante algún tiempo, en algún momento hemos tenido que lidiar con insultos y ofensas en los comentarios de los posts. Hay quienes deciden activar la opción de moderación de comentarios -cada comentario debe ser aprobado antes de que aparezca en el sitio- mientras que otros simplemente eliminan los que son poco apropiados.
Cuando detecto la actividad de un troll (poco frecuente) en este espacio o en mi blog personal, elimino los comentarios manualmente. Si el troll insiste, los marco como spam y Akismet se encarga del resto.
Al parecer, los administradores de la versión digital de diario El Comercio se han topado con el mismo problema. Ignoro cuáles sea las opciones que el sistema de administración de contenidos que utilizan incluya para moderar los comentarios, pero me parece que la solución adoptada no es la más adecuada. Ayer, recibí este mensaje:
“Estimados comentaristas de www.elcomercio.com:
A partir de hoy, lunes 4 de agosto, elcomercio.com hará cambios en los comentarios a las noticias de nuestro sitio. Desde ahora cada vez que participe, su nombre y la cuenta de correo electrónico que proporcionó cuando se registró como usuario, serán publicados automáticamente. Es decir, ya no aparecerá su seudónimo como sucedía antes sino su nombre y apellido. Esta medida se debe a los continuos insultos que publican ciertos foristas escudados en un seudónimo.
Les invitamos a seguir participando y a exponer sus puntos de vista, tomando en cuenta que el resto de los participantes merecen respeto. Por ello, los comentarios con insultos y malas palabras serán eliminados inmediatamente.
Muy atentamente,
www.elcomercio.com”
Y así lucen ahora la sección de comentarios:
Es difícil saber que ocurrirá con las personas que comentan regularmente en El Comercio después de esto. Además del hecho de que empezarán a recibir spam a raudales, su dirección de correo electrónico ha dejado de ser privada -además de estar asociada a un nombre y apellido- y los expone a ser el blanco de ataque de quienes no comparten su opinión. Sólo faltó que incluyeran las direcciones IP.
Habría resultado mejor encontrar otra alternativa a revelar información personal de los usuarios, sabiendo además que la mayoría de los trolls -los que insultan y amenazan- crean cuentas utilizando datos falsos. Obviar el derecho de los usuarios a mantener privada su dirección de e-mail no es -ni de lejos- la forma más adecuada para evitar los comentarios no apropiados.



